Un breve resumen de "El Contrato Social"

24 agosto 2005


Rousseau era, en mi humilde opinión, uno de los primeros seres humanos de la época al que se le ocurre la brillante idea de que hay que repensar la historia de la política como organización de la sociedad. Un buen chato, que no tenía idea de grandes pensadores (fue autodidacta toda su vida), pero que vomitaba talento para analizar y desembrollar el por qué vivimos en sociedad.
Como diría Jack el destripador, vamos por partes. Rousseau, originario de Ginebra (en la época una ciudad independiente tipo “polis”), trata con esta obra plantear respuestas a una serie de preguntas que podemos encontrar en sus Confesiones (1756), referentes a la naturaleza del gobierno capaz de formar al pueblo más virtuoso, mejor seguidor de la ley... y, por supuesto, responder con ello la pregunta de qué es la ley. A partir de esto, escribe una obra que, por amplia y de ideas demasiado vagas y abstractas, deja sin terminar (aprendan algunos pensadores actuales), llamada Principios de Derecho Político. Fruto de este esfuerzo, este cabrón logra condensar las ideas mejor planteadas y las refunde, perfecciona y ordena en El Contrato Social.
Es interesante (y ya poniéndonos más serios, como corresponde ante un master de la política como Juanito Jacobo) el análisis que hace de los diversos temas.
La obra se divide en cuatro libros;
El libro primero se refiere a encontrar las condiciones las condiciones de existencia legítima de una sociedad. Comienza el capítulo I con palabras que lo dicen todo: “El hombre ha nacido libre, y en todas partes está encadenado. Hay quien se cree señor de los demás y es más esclavo que ellos. ¿Cómo se ha producido este cambio? [...]”. Finalmente, termina anticipando lo que pensaríamos que diría al final, estableciendo qué es el pacto social, señalando su necesidad en los siguientes términos:
"... Ahora bien, como los hombres no pueden engendrar nuevas fuerzas, sino solamente aunar y dirigir las que existen, no les queda otro medio para subsistir que formar por agregación una suma de fuerzas que pueda superar la resistencia, ponerlas en juego mediante un solo móvil y hacerlas actuar de consuno [...] De este modo, si se separa del pacto social lo que no forma parte de su esencia, resultará que se reduce a los términos siguientes: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y recibimos en cuerpo a cada miembro como parte indivisible del todo...".
El libro segundo nos habla de ya en extenso de la voluntad general (el abuelito de la soberanía actual) y sus características, además de referirse a la ley y su fuente, el legislador. He aquí una frase que desborda talento y olfato político, anticipándose con siglos a realidades actuales, como la de la falsa representación de nuestro cuerpo legislativo:
“Ya he dicho que no hay voluntad general sobre un objeto particular. En efecto, este objeto particular está dentro del Estado o fuera del Estado. Si está fuera del Estado, una voluntad que le es extraña no es general con relación a él; y si ese objeto está dentro del Estado forma parte del mismo: entonces se establece entre el todo y la parte una relación de la que surgen dos entes separados; por un lado la parte, y por otro el todo menos esta misma parte. Pero el todo menos una parte no es el todo, y mientras subsista esa relación no existe el todo, sino dos partes desiguales; de donde resulta que la voluntad de la una no es tampoco general con respecto a la otra [...]".
Se agradece en esta parte la gran cantidad de referencias que se hace a sistemas de gobierno de la antigüedad.
El libro tercero (a mi parecer el más interesante de todos), nos habla de algo muy importante: La colectividad aplica las leyes a los actos particulares, y lo hace a través del Gobierno. Aquí nos paseamos en un estudio comparado y detallista por todos los sistemas de gobierno conocidos hasta la fecha (fundamentalmente gobiernos monárquicos, aristocráticos y democráticos), sacando sus conclusiones de cada uno
Ojo, señores: Rousseau desecha la democracia como forma de gobierno, considerando críticas como:
1.- Va contra el orden natural el que gobierne el gran número en desmedro de la minoría poderosa
2.- Es imposible (en democracias directas) que el pueblo esté permanentemente reunido, lo que conllevaría necesariamente a la representación, con la consiguiente creación y aristocratización de una clase política
3.- Requiere altísimos esfuerzos para que todos los ciudadanos estén informados para tomar decisiones serias
4.- Requiere una gran sencillez en las costumbres de los sectores del Estado, que impidan las discuciones espinosas
5.- Se hace imposible prescindir de un importante grado de igualdad entre las clases sociales y en las fortunas, sin lo cual la igualdad social no puede sobrevivir en el derecho
6.- Por su forma, tendiente siempre a cambiar de forma y amoldarse a situaciones sociales “inestables” dentro de los procesos históricos propios de renovaciones y revoluciones, es un gobierno muy expuesto a las guerras civiles y agitaciones internas
7.- Por último, se hace imperativa la inexistencia o escasa existencia del lujo, factor que corrompe al rico y al pobre: a uno por su posesión y al otro por su codicia
Para concluir este punto, termina con una frase categórica:
“Si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Un gobierno tan perfecto no conviene a los hombres[...]”
Finalmente, en el libro Cuarto empezamos a redondear la idea antes de terminar: El individuo, al aceptar el pacto social, colabora a que la voluntad general sea la voluntad de todos, dando libertad a las leyes para que sean aceptadas, aún cuando lo castiguen si viola alguna. La obligación social del contrato no se fundaría en la fuerza, ni en la autoridad natural, ni en ninguna autoridad “superior” (jódanse los iusnaturalistas), sino que deriva, sencillamente, del libre compromiso del individuo que se obliga. El pacto social es legítimo cuando nace de un consentimiento unánime.
Respecto de ello, nada mejor para redondear la idea de un pasaje francamente impresionante, que debiéramos dejar para reflexionar:
“[...] Finalmente, cuando el Estado, cerca de su ruina, ya no subsiste más que en una forma ilusoria y vana, cuando se ha roto en todos los corazones el vínculo social, cuando el más vil interés toma descaradamente el sagrado nombre de bien público, entonces la voluntad general enmudece; todos, guiados por motivos secretos, dejan absolutamente de opinar como ciudadanos, como si el Estado no hubiera existido jamás; y se hacen pasar falsamente con el nombre de leyes decretos inicuos que no tienen más finalidad que el interés particular[...]”

En fin, espero que no se queden con este comentario Para las reflexiones de rigor

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